JESÚS MOREJÓN &
CRISTINE BEDFOR
Jesús tiene una sensibilidad especial… como todo buen artista.

E n Cristine Bedfor Sevilla íbamos a contar con unos jardines en el teatro, pintados y traídos del imaginario de Jesús y Lorenzo Castillo, pero por cuestiones técnicas no pudo ser (todo llegará…).
Aun así, Jesús se quedó en nuestra casa, porque sabíamos que algo teníamos que hacer juntos.
Inspirándose en distintos edificios andaluces, fueron apareciendo en nuestras habitaciones ecos de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba y hasta detalles de nuestra propia fachada.


El resultado, en una paleta de rojos, azules, amarillos y verdes, llena de vida y carácter, decora y realza cada estancia.







Dirigido por Jesús Morejón, entiende el arte como un proceso de renovación perpetua.
Su trabajo en la creación de murales y en la restauración de piezas patrimoniales devuelve el color y la presencia a la historia.
La especialización y puesta en valor de los bienes culturales se convierten así en un ejercicio de rescate y revelación, donde memoria y belleza se encuentran para seguir vivas.

Pronto llegarán los Jardines del Edén y los palmerales soñados, pero mientras tanto, un trocito de Jesús,
y de su perra Piruleta, vive en Amor de Dios, 29.
¡Gracias, Jesús!
E n Cristine Bedfor Sevilla íbamos a contar con unos jardines en el teatro, pintados y traídos del imaginario de Jesús y Lorenzo Castillo, pero por cuestiones técnicas no pudo ser (todo llegará…).
Aun así, Jesús se quedó en nuestra casa, porque sabíamos que algo teníamos que hacer juntos.
Inspirándose en distintos edificios andaluces, fueron apareciendo en nuestras habitaciones ecos de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba y hasta detalles de nuestra propia fachada.



El resultado, en una paleta de rojos, azules, amarillos y verdes, llena de vida y carácter, decora y realza cada estancia.





Dirigido por Jesús Morejón, entiende el arte como un proceso de renovación perpetua.
Su trabajo en la creación de murales y en la restauración de piezas patrimoniales devuelve el color y la presencia a la historia.
La especialización y puesta en valor de los bienes culturales se convierten así en un ejercicio de rescate y revelación, donde memoria y belleza se encuentran para seguir vivas.








