Un paseo con Cristine

Te propongo un recorrido por “la Sevilla de Aníbal González” en 8 paradas, enlazando su vida cotidiana con sus grandes obras.
Casa y estudio de
Ánibal González
Calle San Vicente, 52
Barrio de San Lorenzo
Aquí vivió y trabajó desde 1917.
Fue su casa familiar y su estudio de arquitectura. Fíjate en la fachada de ladrillo visto, los balcones corridos, la rejería y los azulejos: es casi un manifiesto del regionalismo andaluz aplicado a la vivienda. En este interior se proyectó buena parte de la Sevilla que veremos después.

Museo de Bellas Artes de Sevilla
Como amante del arte, Aníbal frecuentaba este museo. Aquí se respira el trasfondo cultural que alimenta su mirada: pintura costumbrista, paisajes andaluces, barroco sevillano (Murillo, Valdés Leal) y toda esa exuberancia decorativa que él traducirá a ladrillo, cerámica y hierro forjado. Es una parada clave para entender la “sensibilidad” detrás de su arquitectura.
Cine Trajano – Hotel Cristine Bedfor Sevilla
Uno de sus grandes legados es el edificio neomudéjar de la calle Trajano, donde hoy se levanta Cristine Bedfor Sevilla. Este espacio, que desde su inauguración en 1922 ha sido teatro, cine y escenario de la vida cultural de la ciudad, forma parte de una calle con una profunda tradición artística.
Allí trabajó Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez, quien desde su taller de Trajano nº31 transmitió a toda una generación de pintores la esencia de la escuela sevillana. Este barrio, siempre vinculado a la creación, acoge hoy a Cristine Bedfor Sevilla con el mismo espíritu de encuentro y diálogo cultural.
Ayuntamiento de Sevilla y Plaza Nueva
Como arquitecto municipal, pasó aquí muchas horas de trabajo. En el Ayuntamiento se discutían planes urbanos y se gestaba, poco a poco, la Sevilla que culminará en la Exposición Iberoamericana de 1929. La fachada plateresca (no suya) conecta con su gusto por lo histórico, y Plaza Nueva muestra el papel representativo y administrativo de la ciudad en la que él intervino.
Café del antiguo Teatro San Fernando
Un lugar de reunión para artistas, intelectuales y políticos, donde Aníbal González se reunía con amigos y colegas.
Bajamos hacia el río.
El Paseo de las Delicias era uno de sus lugares predilectos para caminar. Es la transición ideal hacia el gran escenario de la Exposición de 1929: árboles alineados, el Guadalquivir al lado y, al fondo, el Parque de María Luisa. Aquí se intuye su manera de entender la ciudad: arquitectura siempre en diálogo con el paisaje, el agua y el verde.
Parque de María Luisa
En este conjunto está su gran laboratorio del regionalismo:
Pabellón Mudéjar
(Museo de Artes y Costumbres Populares), ladrillo, arcos de herradura, cerámica vidriada. Es la versión “neo-mudéjar” de la tradición andalusí.
Pabellón Real,
más sobrio, hoy oficinas municipales, ejemplo de arquitectura oficial sin perder raíz andaluza.

Plaza de España
Cerramos la ruta arquitectónica en su obra maestra, levantada para la Exposición Iberoamericana de 1929. El semicírculo de edificios abraza la plaza como metáfora del abrazo de España a América y, con sus bancos, puentes, la mezcla de ladrillo, cerámica, hierro y agua resume toda la ruta. Frente a la plaza, el monumento a Aníbal González (2011 homenajea al arquitecto que llevó a Sevilla a la modernidad sin perder su esencia andaluza.

Casa Aníbal
Como no podía ser de otra manera, terminamos sentados a la mesa. Llegamos a la calle Reyes Católicos, donde se encuentra Casa Aníbal, un restaurante situado en pleno centro histórico de Sevilla, muy cerca del barrio de Triana y del río Guadalquivir.
Ofrece gastronomía local y rinde homenaje al legado del célebre arquitecto sevillano Aníbal González.





